Enrique Chuvieco
de paginasdigital.es
El "glamour" de los espías se evapora en las primeras imágenes de Mataharis, la última película de Icíar Bollaín, porque la vida es mucho más prosaica para las tres detectives que intentan conciliar su vida familiar con investigar la vida de los demás por encargo.
Tampoco piensen que es un filme de pasatiempo –Bollaín se pringa con sus personajes-, porque en Mataharis fluye la vida como en un torrente, donde las protagonistas se implican a fondo con lo que tienen delante. No hay, por tanto, concesiones a la distracción, pues viven y, por consiguiente, sufren, son frágiles y toman decisiones que nunca están exentas de dramatismo. Nuestras tres protagonistas son detectives vocacionales que investigan vidas privadas al tiempo que nos muestran las suyas.
Bollaín, coautora también del guión, saca partido a las tres actrices (María Vázquez, Nuria González y Najwa Nimri), donde sobresale el magnífico trabajo de esta última. El ritmo se fundamenta en un montaje sólido, descriptivo y directo, basado en mezclar planos generales, medios, travelling, siempre de corta duración, que denotan el oficio de Bollaín.
Alejado de la ideología habitual del cine español, en la que podía haber caído por uno de los encargos que recibe uno de los personajes, el trabajo de la directora evidencia su compromiso con la realidad que encara. Esto es, aborda las vidas de las tres detectives sin atajos ni escapismos.
La incomunicación en las relaciones de pareja, las dificultades para construir en común o pedir perdón si no existe la apertura personal y la acogida del otro, donde el éxito no está asegurado, hacen de Mataharis una creación indispensable para comprendernos mejor.
Es de agradecer este ejercicio de honestidad y espero que Bollaín siga haciendo cine desde el deseo de su corazón, que ansía el sentido y la plenitud, como el mío. Iciar, me percibo compañero tuyo en este camino; cuenta conmigo. |