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Al Gore

Especial Al Gore: El gran negocio del ecoalarmismo

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La ciencia gore

Por Jorge Alcalde*

* Periodista. Director de la revista Quo. Ex Redactor Jefe de la revista Muy Interesante. Cuenta con algunos importantes premios de divulgación como el Prisma de la Casa de las Ciencias de La Coruña, los premios FECYT y TECNALIA de periodismo científico y ha sido finalista del premio Boehringer Ingelheim de periodismo de salud. Es autor de varios libros de divulgación de ciencia y medicina.

No, no me refiero a ese tipo de cine sangriento donde los litros de ketchup ponen perdidita la pantalla, sino a ese otro que asuela estas semanas nuestras salas de proyección: el perpetrado por el ex vicepresidente norteamericano Al Gore. Su pseudodocumental científico, o quizá sería más adecuado llamarlo documental pseudocientífico, nos pretende advertir sobre los terribles efectos del cambio climático para el futuro de la Tierra bajo el provocador título de Una verdad incómoda.

A menudo vienen a estas páginas voces autorizadas que nos explican hasta qué punto muchos de los argumentos que esgrimen los movimientos ecologistas para defender su causa distan de la fría objetividad que reclama la ciencia. No vamos, pues, a repetirnos. Pero es inevitable centrar la atención en la casi invisible falacia que encierra tan ampuloso título.
 
"¿A qué verdad incómoda sobre el medio ambiente se referirá el señor Gore?", se pregunta uno al entrar en la sala. Y es que, como ha quedado demostrado una y otra vez, en este mundo occidental que nos ha tocado vivir no hay nada menos incómodo, nada más fácil, sencillo y recompensado que tirarse en brazos de lo ecológicamente correcto. Por mucho que a los defensores del ecoalarmismo les disguste, su pensamiento no es proscrito, censurado, arrumbado… el pensamiento contrario sí.
 
Lo que resulta verdaderamente incómodo hoy en día no es gritar que el mundo se quema por culpa de las grandes multinacionales del petróleo, aventurar catástrofes climáticas a manos del demonio globalizador o despacharse con el conteo de víctimas del cambio climático en comparación con la tragedia del terrorismo. No, lo incómodo es pedir mesura científica y objetividad en los debates sobre el clima, denunciar las manipulaciones de datos científicos que se realizan cotidianamente en los medios de la causa verde, solicitar voz para aquellos que no coinciden con la línea oficial ecologista, exigir altura intelectual en los argumentos y rigor en el uso de las citas y las estadísticas.
 
Los que eso hacen sufren la conspiración de silencio de sus colegas y se ven obligados a buscar foros alternativos para transmitir su opinión, aun enfrentándose al estamento académico que los ha educado y que no pueden evitar venerar (¿se acuerdan de Lomborg?)
 
La verdadera verdad incómoda es afirmar que no existen verdades incómodas en la dirección en que Gore quiere disparar. Y sí muchas, muy de peso y muy profundas, en la dirección contraria.
 
La primera de esas verdades incómodas es que el mensaje ecologista se consume con una asombrosa falta de crítica intelectual. Parece que impera el criterio de: "Si es verde, vale". Alguien ha llegado a equiparar esta molicie crítica al ambientalismo feroz con el modo en que muchos intelectuales cegaron sus ojos a las masacres cometidas en nombre del estalinismo por miedo a ser tachados de reaccionarios. El propio Bjorn Lomborg me confesaba un día en su casa de Copenhague:
 
Sé que hay legiones de científicos que piensan como yo, pero nadie quiere arriesgarse a que le inscriban en las filas de la derecha intelectual por criticar a los ecologistas. Necesitan un Lomborg, pero no quieren ser ellos.
 
En el otro lado, sin embargo, el todo vale se hace fuerte. Ponga usted una etiqueta verde en su discurso y se habrá garantizado el aplauso de los medios, del público, de la Academia.
 
La segunda verdad incómoda, en este caso más grave, es que el discurso ambientalista de Gore obvia cualquier mención al lado oscuro del ecolaramismo; el pérfido e invisible Darth Vader de los efectos colaterales de la política ecologista extrema. ¿Quién se ha preguntado alguna vez por las víctimas del ambientalismo? Generalmente, estas víctimas no sucumben a manos de grupos extremistas como los que liberan irresponsablemente visones en un paraje natural o apedrean los coches de los investigadores que utilizan primates de laboratorio. No, estas víctimas sufren la incuria de políticos, profesores, responsables de medios, académicos y científicos, que se niegan a contradecir los postulados de la corrección ecologista y, como consecuencia, toman decisiones que afectan a millones de personas.
 
Deciden, por ejemplo, denegar el acceso a toneladas de maíz transgénico a países sufrientes de hambruna, o evitar la construcción de centrales térmicas en territorios del planeta aquejados de un doloso déficit energético. Prefieren renunciar a la energía nuclear y cercenar así las posibilidades de desarrollo de muchos pueblos. Conducen a la ruina a miles de negocios familiares por considerar acríticamente que la acuicultura intensiva es un atentado contra el medio ambiente costero. Prohíben el uso del DDT en el combate contra la malaria... para desdecirse 40 años y varios millones de muertos después.
 
La gran verdad incómoda es que hoy se están tomando docenas de decisiones de tremendo calado estratégico en despachos donde se leen los boletines de Greenpeace y las soflamas de Earth First o se ven los documentales de Al Gore pero no se estudia a Bjorn Lomborg, a Patrick Michaels, a Patrick Moore y a otras voces críticas del ecologismo.
 
La nueva ciencia gore parece que ha venido dispuesta a llenar nuestras pantallas con la sangre de las ballenas, las focas y los seres humanos escaldados por el calentamiento global. Las víctimas del ecoalarmismo deberán esperar a encontrar a alguien que pinte un peón negro por ella.

 

Al gore

Al Gore posee una mina de cinc en una cuenca que emitió 1,8 millones de kilos de vertidos tóxicos entre 1998 y 2003

El oscarizado ex vicepresidente de EEUU, Albert Arnold Al Gore, por su documental-denuncia sobre el calentamiento global, Una verdad incómoda, es propietario de un complejo minero en Carthage (Tennessee). Fue adquirido por su padre, el también senador, en 1973. Hasta 1998 no se hicieron los primeros estudios sobre las emisiones tóxicas de las minas de metal. La cuenca a la que pertenece,  Gordonsville-Cumberland, emitió 1,8 millones de kilos de vertidos tóxicos al aire y el agua entre 1998 y 2003. Vertidos en los canales hídricos y emisiones tóxicas son los potenciales peligros. Lo ha relatado este domingo el diario The Tennessean.


(Libertad Digital) "Explotar minas no es sinónimo de ser verde, ¿no crees?". Se pregunta John Mullins, un vecino de Cookeville. En 1973, el ex senador de EEUU, Albert Al Gore padre adquirió los terrenos y los derechos de explotación de una cuenca minera de zinc. Después se lo cedió a su hijo de 25 años de edad y su nuera previo pago de 140.000 dólares. En las tres décadas de explotación, se estima que Al Gore se ha embolsado más de 500.000 dólares en concepto de arrendamiento de sus derechos de explotación. Eso es al menos lo que relata el diario The Tennessean en su edición de domingo, como ha adelantado Barcepundit.
 
Después de cuatro años de inactividad, Strategic Resource Acquistion, una compañía canadiense, se ha hecho con los derechos de explotación y piensa reanudar la actividad bajo el nombre de MidTennesse Zinc. Lo hará a finales de este año. La compañía canadiense asegura al diario The Tennessean que la mina ha producido 2.600 millones libras (unidad de medida anglosajona) de zinc y estima en 26 millones de toneladas el material metálico restante. Lo que le augura una larga vida.
 
The Tennessean saluda los beneficios que la apertura del complejo minero traerá a la región. Empleará a unas 250 personas. Una cifra nada detestable en un depresivo "rural Tennessee Medio". Otra inyección económica es la que "los explotadores de las minas pagan a los residentes, como Al Gore, que poseen las tierras adyacentes a la mina y gravan el acceso al zinc bajo su feudo".
 
Riesgos de contaminación
 
Estos son los beneficios de la explotación minera a los que el ex vicepresidente viene accediendo desde hace por lo menos 30 años. Pero existen ciertos riesgos. Cierto es que no se puede acusar a Al Gore de haber dañado seriamente el medio ambiente. Pero cierto es también que existen riesgos con las emisiones tóxicas de la explotación de metal y las descargas en los canales hídricos.
 
Fue en 1998 cuando apareció el primer estudio sobre las emisiones tóxicas de la explotación de zinc firmado por The Environmental Protection Agency (EPA). En el quinquenio 1998-2003; se registraron 724.800 kilos de sustancias tóxicas en el aire, el agua y la tierra del complejo de minas interconectadas en Carthage conocido como Gordonsville Min and Mill y 1,1 millones de kilos en Cumberland, también incluida en el área; según un informe de EPA. En total, más de 1,8 millones de kilos de vertidos durante el periodo.
 
En 2002, Gordonsville-Cumberland minas ocupó el puesto vigésimo segundo en el ranking de las minas de metal. El mismo Al Gore reconoce que los niveles de 2002 pusieron a la mina las más "sucias" de Estados Unidos. En 2004, en Clarksville la planta intermedia donde se procesa el metal de las cuencas mineras de la zona emitió más de 11,7 millones de kilos de polución.
 
Respecto a los peligros hídricos, en 2003 un informe titulado: Tennesse Source Water Assessment Report aseguraba que la mitad de los recursos de agua del estado estaba bajo una "alta susceptibilidad" de contaminación. En 2006, expertos de medio ambiente denunciaban en un estudio que Tennessee necesitaba una aproximación más ajustada a la realidad sobre el grado de salubridad de las aguas subterráneas.
 
Todos estos peligros potenciales parecen incompatibles con quien se considera un agitador de conciencias y un promotor ejemplarizante del buen hacer medioambiental. Eso es al menos lo que perciben algunos vecinos de Carthage. "Gore no camina el camino", dicen.



Gore rechaza en el Capitolio asumir sus mandamientos sobre el calentamiento global

SE NIEGA A REDUCIR EL GASTO ENERGÉTICO

El ex vicepresidente, Al Gore, regresó el miércoles al Capitolio de Washington para comparecer ante la comisión de Energía sobre el calentamiento del planeta. En su intervención, más propia de un político preparando su plataforma electoral que de un desinteresado agitador de conciencias, el ex vicepresidente rechazó, de nuevo, adquirir un compromiso personal y ético sobre el uso energético. Fue el senador de Oklahoma, James Inhofe, quien le emplazó a ponerse de ejemplo para sus "seguidores" y le pidió que no se limite a dar "trucos" de "acomodado" con "compensaciones de carbono". No hubo respuesta.

(LD) "¿Está usted preparado para cambiar su estilo de vida?" Ésta es la pregunta que se asoma sobre un fondo negro y con una tipografía blanca en una de las secuencias del oscarizado documental Una vedad incómoda y con la que se pretende remover las conciencias de los espectadores. Y ésta es la imagen que utilizó el senador republicano James Inhofe para interpelar a su productor durante la comisión del Capitolio.
 
El ex "número dos" de Bill Clinton está siendo objeto de numerosas críticas por el excesivo consumo eléctrico de su residencia de Nashville (Tennessee). Es sabido que sus facturas superan 20 veces el gasto medio de las familias americanas. Gore se escuda en lo que denomina una "compensación de carbono", es decir, una apuesta por equilibrar el uso de gases invernadero invirtiendo en energías verdes o con otras prácticas tan tribales como plantar un árbol. 
 
"Hay cientos de miles de personas que le adoran (Al Gore) y quieren seguir su ejemplo reduciendo el uso de la energía  si usted lo hace. No nos dé más rodeos con las compensaciones de carbono u otros trucos propios de los acomodados", le emplazó el senador republicano.
 
Y es que las alternativas propuestas por Al Gore en Una verdad incómoda parecen realizadas por aquellos que más que solucionar los problemas lo que prefieren es lavarse sus conciencias. Cierto es que pocos pueden permitirse invertir en I+D+i o en energías verdes. Y si se opta por plantar un árbol habrá que esperar al menos 30 años hasta que se pueda compensar los gases emitidos hoy.
 
"¿Está usted preparado para adquirir el compromiso hoy (el miércoles) de no consumir más energía en su residencia que la media de una familia americana? Le inquirió de nuevo el senador. No hubo respuesta. Lo explican en el blog personal del senador en la revista de prensa.



El juez Burton y las nueve mentiras incómodas de Gore

Primero fue la denuncia de su contenido tendencioso y ahora la identificación de nueve incómodas mentiras. El magistrado del Tribunal Supremo de Londres, Michael Burton, ha hecho pública la sentencia sobre el oscarizado documental Una verdad incómoda y ha considerado que varias de sus conclusiones se realizan en “un contexto de alarmismo y exageración”. Libertad Digital viene advirtiendo desde el principio sobre las imprecisiones de una cinta que bien podría valerle el sobre título del apocalipsis medioambiental.


(LD) La sentencia Burton se origina con la demanda de un padre británico que denuncio la distribución de Una verdad incómoda en los centros educativos de Inglaterra por considerar que con él se intentaba “lavar el cerebro” a los estudiantes adolescentes, entre ellos, su vástago.
 
Stewart Dimmock, además, reclamaba que se dejase de suministrar la cinta entre los escolares.
 
Burton, en este sentido, señala que la "visión apocalíptica" del filme y reincide en su contenido político partidista. "Es de todos sabido que no es simplemente una película científica, aunque está claro que se basa en investigaciones y opiniones de científicos, sino política", señala el magistrado y recoge el diario británico The Times.
 
Entre las nueve mentiras incómodas de Gore, uno de los favoritos de este año en la carrera por el premio Nobel de la Paz, se encuentra en primer lugar la relación entre el calentamiento global y el huracán Katrina.
 
En segundo, el ex vicepresidente de la Casa Blanca asegura que el nivel de los mares podría aumentar seis metros "en el próximo futuro", aseveración que calificó de "claramente alarmista" y contraria al "consenso científico".
 
El juez, también, pone en cuestión la afirmación de Gore de que la Corriente del Golfo podría dejar de circular que, a su vez, insiste se contradice con las hipótesis manejadas por el Grupo Internacional sobre el Cambio Climático según las cuales es poco probable que ello ocurra.
 
Tampoco asume como científica la atribución de Al Gore al fenómeno del cambio climático la desecación del lago Chad; la fundición de las nieves del Kilimanjaro. El magistrado considera que no existe estudios comparados que confirmen esta interesada vinculación.
 
Burton critica a su vez la afirmación que dice que los osos polares estén ahogándose al fundirse los hielos que forman su hábitat habitual y mientras van a nado en busca de otros nuevos.
 
Es por todo ello por lo que el juez británico toma en consideración la demanda de Dimmock sobre la idoneidad de permitir la distribución de la cinta entre los escolares ingleses.



Al Gore, Oscar al "ahorro energético", supera el gasto anual en electricidad de las familias americanas en un solo mes

Predicar con el ejemplo.

Ésta es la moraleja que se le podría aplicar al ex vicepresidente norteamericano al haber trascendido por medio de los blogs que el oscarizado político consume en un mes el doble de energía que gasta el americano de a pie en un año. Así lo revelan los datos extraídos de la compañía eléctrica de Nashville por el think tank Tenessee Center for Policy Research. 10.656 kilowatios hora es la cantidad anual que consume una familia americana y 22.619 kilowatios hora fue la cifra alcanzada por la de  Al Gore el pasado mes de agosto.

(LD)  “Un reto moral”. Con estas palabras definió Al Gore el desafío del cambio climático en el momento en el que recogía un Oscar por su documental: Una verdad incómoda, en la madrugada del pasado domingo. “Estoy embarcado en un tipo diferente de campaña para persuadir al mundo y a los americanos de lo importante que es afrontar la crisis climática”, respondió después de la ceremonia ante los periodistas, zanjando, así, los rumores sobre su vuelta a la arena política.
 
Lo que se le olvidó añadir es que su campaña a favor del ahorro energético y en contra el despilfarro doméstico debería empezar por él mismo. Con los datos de las facturas de la familia Al Gore de estos dos últimos años, el Tennessee Center for Policy Research, un think tank promotor de la libertad de mercado, denuncia la hipocresía del ex dirigente demócrata. Asegura que el pasado mes de agosto la mansión de Gore, con 20 habitaciones y piscina privada localizada en el área Belle Meade de Nashville en el estado de Tennessee, consumió 22.619 kilowatios hora “gastando más del doble de la media de las familias americanas en un año”. “Como consecuencia de este uso energético, la factura mensual de Al Gore asciende a 1.359 dólares”, señala en su página web.
 
Es más, continúa la nota informativa del Tennessee Center for Policy Research, después del estreno de Una verdad incómoda, el ex vicepresidente americano no sólo no ha reducido sus usos energéticos sino que los ha incrementado. A la vista de los números, poco parece haberle convencido su propio discurso. Si en 2005 la vivienda familiar de Al Gore consumía una media de 16.200 kilowatios hora al mes; en 2006 alcanzó la cifra de 18.400 kilowatios hora.
 
Pero las elevadas facturas no terminan en el gasto eléctrico sino que se extienden a la minuta del gas. Según el think tank americano del que se hace eco el bloger español Barcepundit, el importe de la mansión de Al Gore y su casa de invitados asciende a 1.080 dolares al mes en 2006.
 
Incómoda le ha debido parecer a Al Gore la publicidad de estos reveladores datos, pues su oficina se ha apresurado a intentar aclarar semejantes sumas a través del instituto Think Progress. El staff del ex vicepresidente asegura: primero, que la familia de Al Gore intenta compensar su gasto energético con inversiones ecológicas como los paneles solares, bombillas compactas y otras tecnologías de ahorro energético. Segundo, intenta matizar el mensaje del Al Gore y dice que simplemente lo que se pide es que se calcule el gasto energético y que se intente reducir lo máximo posible hasta llegar a cero.
 
A tenor de estas informaciones, la lección del promotor de Una verdad incómoda dista bastante del loable intento de reducir el gasto doméstico de energía y pone en evidencia el doble discurso del ex dirigente americano: el de uso público y el privado.



Objeción de conciencia contra Al Gore

Por Jorge Alcalde*

* Periodista. Director de la revista Quo. Ex Redactor Jefe de la revista Muy Interesante. Cuenta con algunos importantes premios de divulgación como el Prisma de la Casa de las Ciencias de La Coruña, los premios FECYT y TECNALIA de periodismo científico y ha sido finalista del premio Boehringer Ingelheim de periodismo de salud. Es autor de varios libros de divulgación de ciencia y medicina.

Esta semana LD informaba de que la justicia británica ha emitido una sentencia contra el vídeo de Al Gore Una verdad incómoda. El juez ha considerado que dicho documental, oscarizado y aplaudido por políticos de todo el mundo (entre ellos Zapatero), está "sesgado políticamente" y exhibe un rigor científico más que cuestionable. Por ello, ha decretado que los centros que lo difundan adviertan a los alumnos del sesgo del contenido y permitan abandonar el aula a quienes no deseen verlo.

El juez de marras no es un científico; tampoco lo es el padre de familia (camionero, para más señas) que interpuso la demanda, al entender que estaban "lavando el cerebro" a sus hijos con la cinta de Gore. Pero ambos han puesto en juego el sentido común y el sano escepticismo. El trabajo del ya casi candidato al Nobel de la Paz puede ser mejor o peor desde el punto de vista cinematográfico, más o menos pertinente, más o menos acertado… pero no es un estudio científicamente solvente. No es un material educativo. No es imparcial. No es académico. Es una propuesta ideológica y partidista. Ofrecerlo en las escuelas (como se ha hecho en el Reino Unido y quiere hacerse en España) equivale a enseñar el programa de un partido político.
 
Parece que el brillo de Al Gore empieza a palidecer. Está perdiendo amigos. Ahora es un juez británico, pero antes fueron algunas figuras de la cultura progre americana. Recordarán que, entre el 6 y el 8 de julio de este mismo año, el mundo entero se dispuso a disfrutar de uno de los acontecimientos musicales más esperados de la década: la serie de conciertos Live Earth, impulsada por el ex vicepresidente de los Estados Unidos para concienciar a la población sobre los riesgos del calentamiento global. Medio mundo anduvo pendiente del acontecimiento, que duró 24 horas, unió a capitales de cinco continentes (Nueva York, Londres, Johannesburgo, Río de Janeiro, Shanghai, Tokio, Sydney y Hamburgo) y contó con la participación de artistas y grupos tan variopintos como Bon Jovi, Crowded House, Lenny Kravitz, Enrique Iglesias, Shakira, Linkin Park, Michael Nyman, UB40, Genesis, Madonna, Metallica, Red Hot Chilli Peppers, Roger Wates y The Police.
 
En una entrevista promocional del megafasto publicada por la revista Rolling Stone, Al Gore hizo un llamamiento al icono musical Bob Dylan para que se sumara a la iniciativa. Gore recordaba la letra de la canción "The Times They Are A-Changing", que Bob escribió en 1964: "Vamos, senadores, congresistas, / por favor, atended a la llamada, / (...) sacudid vuestros muros, / porque los tiempos están cambiando". El ex vicepresidente quizás desconociese que había una pequeña pega para que el viejo cantautor se afiliase a su campaña climática: en la misma revista, pero algunos meses antes, Dylan había exhibido su ácido escepticismo ante la idea de que el cambio climático sea una catástrofe para la humanidad. "¿Le preocupa el calentamiento global?", le preguntó el director de la Rolling Stone en el número conmemorativo del 40º aniversario de la publicación. "¿Calentamiento? –respondió el de Minnesota–. ¿Dónde está el calentamiento global? Si hace un frío de narices".
 
La gran figura de los conciertos solidarios, Bob Geldof, responsable de los polémicos recitales Live Aid, celebrados en los 80 en el marco de una campaña de lucha contra el hambre en África, también ha renegado del afán de protagonismo de Al Gore. "¿Para qué demonios ha organizado los conciertos Live Earth? ¿Para concienciarnos de lo malos que son los gases de efecto invernadero? ¡Ya estamos suficientemente concienciados!", ha llegado a decir Geldof.
 
En la misma línea se ha manifestado Roger Daltrey. En una entrevista concedida al diario londinense The Sun, el líder de los Who afirmó: "Tenemos problemas con el calentamiento global. Pero las preguntas y las respuestas son tan complejas que dudo de que un concierto las vaya a resolver". Daltrey dejaba caer lo que el grupo Artic Monkeys (uno de los iconos musicales de la era internet) se atrevió a decir por boca de su batería, Matt Helders: "Es un poco pretencioso para alguien que tiene 21 años, como yo, pensar que vas a cambiar el mundo con un concierto, sobre todo cuando en ese concierto estás gastando suficiente electricidad como para alimentar de por vida a 10 familias… ¡Es tan hipócrita!".
 
Parece que el discurso ambientalista, cuando se observa con lupa, lo tiene más difícil con los jóvenes comprometidos que los discursos en pro del desarrollo y los Derechos Humanos.
 
Lo que Geldof destapó con sus declaraciones sobre Al Gore es que los argumentos en contra del cambio climático son atractivos no porque el calentamiento en sí sea malo (de hecho, podría tener algunos efectos positivos), sino porque se nos amenaza con las inciertas consecuencias indirectas que pudiera tener, tales como un aumento de las enfermedades, de la pobreza, de las sequías... Mientras que estaba claro el objetivo de los conciertos de Live Aid: recaudar fondos para contribuir directamente a paliar la hambruna que padecían millones de africanos (aunque luego surgieron algunos oscuros problemas de distribución), en el caso de la lucha de Gore por el clima nadie sabe cómo se puede aprovechar la recaudación: no hay un destinatario directo de esos fondos que pueda ver así su vida mejorada. Para colmo, el historial de las organizaciones de defensa del medio ambiente muestra que a menudo éstas optan por soluciones contrarias a lo que el común de los mortales entiende por progreso. Por ejemplo, no está aún cerrada la herida producida por la prohibición del uso del DDT para combatir la malaria.
 
En este contexto, parece saludable advertir a las autoridades educativas de que trabajos como el de Gore no constituyen por sí solos una evidencia científica que pueda situarse al mismo nivel que los manuales de Biología, Física o Matemáticas. Si se introducen en la escuela, lo justo será advertir a los alumnos de que no muestran más que una de las caras de la moneda y, por supuesto, dejar en sus manos la opción de contemplarlos u objetar… Pero, claro, la objeción de conciencia, en éste y en otros muchos casos, es un derecho que sólo puedes ejercer con garantías si eres un camionero británico o una estrella del rock...


El recibo de la luz del Ecomesías

Por Mark Steyn (publicado en Libertad Digital)

Pssscht, escuche: el Reverendo Al Gore ha afirmado que la del cambio climático es "la cuestión ética, moral, espiritual y política más importante que haya afrontado jamás la Humanidad". Jamás. Creo que el gore Gore dijo lo dicho el mismo día que se supo que el rancho tejano de Bush es más respetuoso con el medioambiente que la mansión que aquél posee en Tennessee.

De acuerdo con el Nashville Electric Service, el hogar dulce hogar del Ecomesías consume 20 veces más energía que la casa promedio norteamericana: ésta consume 10.656 kilovatios a la hora; la del Ecomesías, 221.000. ¿Doscientos veintiún mil kilovatios a la hora? Pero bueno, ¿qué es lo que hace este tipo, forrar de electrodos a su santa y ponerla a correr por el cuarto de los juguetes toda la noche? Frío, frío: por ahí no van los tiros. El Reverendo Al consume energía a espuertas porque está muy preocupado porque estamos agotando los recursos de la Tierra. Lo del "estamos" no va por Al, claro, sino por usted y el menda lerenda. Sí, usted, Don Perico de los Palotes, residente en la Calle del Hombre de la Ídem.
 
Y es que usted, en el colmo de la irresponsabilidad, está acabando con los recursos del planeta con esa manía suya de lavar la ropa en una lavadora eléctrica. ¿Tanto le cuesta irse a la orilla de un río y darle al friega que te friega, mientras entona, como las buenas mujeres de las mejores tribus, melodiosas cancioncillas tradicionales?
 
Allá en la Mansión Gore –esa mina para la compañía de la luz de Nashville, esa refulgente Catedral del Santo Al, ese pedazo de Palacio de Versalles tenesellesco– sí que se practica el consumo responsable. Y es que, como ha dicho el portavoz del Reverendo Al, el descomunal consumo energético de Gore no es sino la consecuencia de sus corajudos llamamientos a la moderación en el consumo energético. Se está fundiendo esa abracadabrante cantidad de energía a base de mandar cada dos minutos faxes en los que pide que el personal se modere a la hora de consumir energía.
 
Por cierto, el Ecomesías –si usted forma en las filas del Ecoapocalipsis, póstrese ante el cubo de reciclaje y haga la señal del HDPE– compra "emisiones de carbono". O, en palabras de su portavoz, Kalee Kreider (reparen en el detalle: el amigo Al, al dejar que otros hablen por él, contribuye sustancialmente a reducir las emisiones goreanas a la atmósfera), los Gore "también hacen lo de las emisiones de carbono".
 
Así que "hacen lo de las emisiones de carbono"... ¿Qué dice usted, querido lector, que no sabe lo que es eso? Preste atención. Supongamos que es usted un ex vicepresidente del Gobierno de los Estados Unidos que trata de reducir su "cuota de carbono" pero no puede porque el mujerío de la casa se pasa las noches tirando de secador. Bien, pues lo que puede hacer es acudir a una compañía de carbonocréditos y soltar algo de pasta para que le busquen a alguien por el ancho mundo que esté dispuesto a reducir sus emisiones. Total, que aunque usted no cierre el grifo, otro sí lo hará, y todos tan contentos. Es como cuando un ricacho se pega una comilona de aquí te espero y a los postres le suelta una moneda de dos euros al mendigo de turno para que pueda seguir pasando hambre un día más: la compensación salta a la vista, ¿no?
 
En fin, y por ceñirnos al caso del Reverendo Al: no importa que su mansión brille como Times Square en Nochevieja, porque el Reverendo Al ha pagado por sus emisiones. Tiene un carbonoagente –que, por supuesto, trabaja en una empresa respetuosa con el medio ambiente– que compra emisiones para Al a, pongamos, un jefe terrorista que se encuentra escondido en una cueva del Pakistán profundo y ha decidido reducir bastante su consumo de energía, más que nada porque, en cuanto prende el móvil o el ordenador, en Washington se enciende una luz y, en menos que canta un gallo, le mandan para allá un aparatejo no tripulado con aviesas intenciones.
 
El jefe terrorista no está, pues, para muchas alegrías energéticas: se conforma con una suscripción a la televisión por cable para regalarse los oídos cada vez que un senador americano habla en la CNN de "estrategias de salida". Mientras, en Gore House, Tipper puede seguir el enésimo discurso de su maridito en una megapantalla de plasma y no sentir remordimiento alguno de conciencia: ¡los consumos se compensan!
 
Las cosas como son: el Reverendo Al es un fenómeno. Compra sus carbonocréditos a Generation Investment Management LLP, una sociedad independiente, privada y con oficinas en Londres y Washington DC que invierte el dinero de sus clientes en "compañías de alto nivel" y promete beneficios excepcionales. Generation Investment no tiene que pagar impuestos en Estados Unidos. ¿Adivinan quién es su presidente? Un tal Al Gore.
 
O sea, que Al Gore puede comprar sus carbonoemisiones a Al Gore. Más chuli todavía: puede comprarlas con el dinero que obtiene de su antiquísima relación con Occidental Petroleum. ¿Ve lo fácil que resulta estar a bien con las carbonoemisiones? Sólo necesita tener un porrón de acciones en una compañía petrolera, montar una firma de ecoinversiones y usar parte de los beneficios de las acciones petroleras en comprar carbonoemisiones libres de impuestos a tu firma de ecoinversiones.
 
Un par de días antes de los Óscar, el Reverendo Al dio en la Universidad de Toronto uno de sus recitales. A Bruce Crofts, del East Toronto Climate Action Group, le dio por comparar al ex vicepresidente estadounidense con Jesucristo: no en vano ambos fueron "grandes líderes que dieron un paso al frente cuando les obligaron a ello las circunstancias".
 
Vale, el Ecomesías aún no puede andar sobre las aguas, pero sí puede supervisar la fusión de los casquetes polares y convertir el agua en torrentes de lágrimas. Una buena mujer que no había conseguido una entrada para el susodicho sarao suplicaba compungida a la universidad que Su Goricidad le concediese audiencia. Al decir del National Post, su hija no había podido pegar ojo desde que vio Una verdad incómoda, y estaba convencida de que la nena se pondría mejor si pudiera ver a Su Goricidad en persona.
 
Al Ecomesías le ha dado también por las comparaciones odiosas. Así, sostiene que estamos ante un "Holocausto ecológico", y que "las pruebas de una Kristallnacht ecológica son tan claras como el sonido de los cristales rotos aquella noche en Berlín". Pues si estamos ante un Holocausto ecológico, Gore House, con sus 221.000 kilovatios/hora, debe de ser Auschwitz. Claro, que lo mismo sale ahora su portavoz y dice que, a veces, sólo se pueden combatir los holocaustos ecológicos con hiroshimas igualmente ecológicas, porque la factura de la luz de los Gore es, digamos, la bomba ecoatómica.  



Jorge Alcalde recuerda que cada vez son más los científicos críticos con el mensaje de Al Gore

DENUNCIA LA MANIPULACIÓN CIENTÍFICA DEL IPCC

Al Gore declaró este martes que "veo bastantes escépticos en España". Pero en realidad los llamados escépticos los hay en todo el mundo y "no son una voz en el desierto". Jorge Alcalde, colaborador habitual de Libertad Digital, ha recordado en La Mañana de la COPE que "cada vez hay más voces" que dentro del ámbito científico llegan a conclusiones que no coinciden con "la letanía del cambio climático". La ciencia "ha de ser parsimoniosa, escéptica, moderada" y todo ello se ha perdido con la predicación del calentamiento global catastrófico y creado por el hombre.


(Libertad Digital)
Jorge Alcalde ha hablado para el programa La Mañana de la Cadena COPE, en el que ha hecho ver que "se puede pensar que el llamado escepticismo es predicar en el desierto, pero no es así". De hecho "cada vez hay más científicos que están alarmados por el alarmismo" de "la letanía del cambio climático". Alcalde, periodista y divulgador científico, ha denunciado cómo se retuerce la realidad en los medios de comunicación para filtrar determinados mensajes y cómo hay una auténtica cruzada contra la parte de los científicos cuyas conclusiones no coinciden con el dogma ecologista.
 
Manipulación científica del IPCC
 
Así, un informe del IPCC incluyó la afirmación de que una inundación acaecida en Alemania era debida al calentamiento global. El máximo experto en huracanes e inundaciones, al comprobar que se había manipulado la ciencia para relacionar el calentamiento con los fenómenos extremos, decidió dimitir. Desde entonces se le ha estigmatizado con epítetos como "escéptico". "El problema es que el alarmismo lo que se intenta es culpabilizar de cada fenómeno extremo que vivamos", advierte Alcalde. El periodista ha recordado que incluso se le ha culpado de la caída de un puente en Minneapolis.
 
Pero La ciencia "ha de ser parsimoniosa, escéptica, moderada", según ha recordado Jorge Alcalde, quien se duele de que en el asunto del calentamiento global se haya perdido. Alcalde ha precisado que "la mayoría considera que la temperatura de la tierra está aumentando. Pero la mayoría dice que está subiendo en línea con los cambios cíclicos de la Tierra" y dudan de la influencia que puede haber tenido el hombre.
 
El desprestigio del alarmismo
 
Aún más en discusión está el mensaje alarmista y catastrofista, que es el elegido por Al Gore, quien ya dijo de sí mismo que había inventado Internet, para darse a conocer por el mundo, con éxito como la concesión del premio Nobel de la Paz. El aumento de las temperaturas nos podría llevar a lo que se conoce como el "óptimo climático", aquella temperatura que es más favorable al desarrollo de la vida en la Tierra, y que se alcanzó en la Edad Media.
 
Los medios reproducen titulares como "La evidencia avalada por 2.500 científicos de la ONU demuestra que el cambio climático es real". Ya sea por error o voluntad de engañar, los medios no suelen explicar lo que ha precisado Jorge Alcalde en la COPE, y es que el informe científico está redactado por 124 científicos del IPCC a partir de la información elaborada por esos 2.500. Y los 124 son "los que son los que filtran el trabajo de miles de científicos. El filtro es la clave" del resultado.
 
Es más, lo que más se reproduce en los medios no es el informe científico sino el llamado Resumen para Políticos. "Está escrito por políticos, para políticos, y con una intencionalidad muy clara, que es favorecer al protocolo de Kioto", según Jorge Alcalde.
 
La nula efectividad de Kioto
 
Un protocolo, además, de muy dudosa efectividad y que resultaría muy caro. Alcalde recuerda que, según el propio protocolo de Kioto, si todos los países firmantes (incluido Estados Unidos, que lo firmó pero no lo ratificó), cumpliesen estrictamente sus compromisos, todo lo que lograría Kioto "es retrasar el calentamiento previsto para 2100 hasta el año 2106". Y todo ello con un coste "de entre 150.000 a 300.000 millones de dólares", y "para retrasar sólo seis años un supuesto problema". Todo ese dinero sería mucho mejor empleado, sigue Alcalde, en ayudar a los países menos desarrollados a adaptarse al paulatino calentamiento.
 
Jorge Alcalde también ha hecho mención del congreso de Copenhague, en el que se reunió a numerosos científicos y economistas, entre los que se encontraban varios premios Nobel, y en los que se intentó calibrar cuáles eran los principales problemas del mundo, los más urgentes, y en los que resultaba más efectivo el empeño del dinero. El cambio climático ocupaba los últimos puestos.


Un científico del IPCC critica el alarmismo de Gore y la concesión del Nobel

PREFIERE LA "HUMILDAD" DE LA CIENCIA

Al Gore se refiere a los científicos del IPCC como si fuera un cuerpo unívoco a los que el propio Gore se limita a prestar su voz. Si hay alarmismo en su mensaje es por el mero hecho de que son los científicos quienes llegar a tales conclusiones. Pero lo cierto es que en la comunidad científica hay mucho más debate que el que pretende Gore. Recientemente uno de los científicos del IPCC, John R. Christy, ha escrito un artículo en The Wall Street Journal que dice que no incluirá en su currículo "mi 0,0001 de Premio Nobel", ya que se ha concedido por un "alarmismo" que "no está refrendado por las observaciones" ni por la ciencia del clima. Christy, por su posición, sería llamado "enemigo de la ciencia" por el diario El País.

(LD) John R. Christy ha escrito este jueves un artículo en el diario The Wall Street Journal titulado "Mi momento Nobel" en el que se distancia con ironía de la parte que le corresponda como miembro del IPCC, al que junto con Al Gore se le ha concedido el de la Paz. "No creo que incluya mi 0,0001 de Premiado por el Nobel en mi currículo". También ironiza sobre que la otra mitad del premio se lo hayan concedido a Al Gore, "cuyas huella en emisiones de carbono aplastaría a todo mi vecindario", dice.

 
El alarmismo no se sostiene
 
Ese premio se concedió por la Academia sueca por "el mensaje de la temperatura de la Tierra se está elevando debido a las emisiones humanas de efecto invernadero". "Estoy seguro de que la mayoría, pero no la totalidad de mis colegas del IPCC se enrojecerán cuando oigan esto", continúa, "pero no veo ni la catástrofe en camino ni la pistola humeante", es decir, la evidencia, "de que haya que culpar a la actividad humana de la mayor parte del calentamiento que observamos".
 
Además, "a medida que recogemos los datos sobre el clima", sigue John R. Christy, "no nos encontramos con que la teoría alarmista concuerde con las observaciones".
 
Prefiere la "humildad" de la ciencia
 
Critica a los "partidarios de dar un salto a las conclusiones" en lugar de quienes, como él, prefieren optar por la "humildad" del científico. "La Madre Naturaleza simplemente opera a un nivel de complejidad que está, en este momento, más allá del entendimiento de los meros mortales (tales como los científicos) y de las herramientas que están a nuestro alcance". Continúa diciendo que "no he observado ese tipo de humildad últimamente" y que "este es mi turno de avergonzarme cuando observo la sobre-confianza de aquellos que describen la evolución del clima global en los próximos 100 años".
 
"Otros nos rascamos la cabeza intentando entender las causas verdaderas detrás de lo que observamos", continúa. Y recala en que "descartamos la posibilidad de que todo esté causado por la actividad humana, ya que todo lo que hemos visto en el clima ha ocurrido antes" de que el hombre hubiese podido influir.
 
Los medios de comunicación
 
Nada de ello es tenido en cuenta por los medios de comunicación que, con contadas excepciones, prefieren sumarse al alarmismo a recoger una visión más amplia o más real. John R. Christy se fija en el caso del reportaje de la CNN "El planeta en peligro", que dedicó "un tiempo considerable discutiendo el retraimiento del Ártico". Pero "La CNN no tuvo en cuenta que el hielo invernal en la Antártica el pasado mes alcanzó un registro máximo (sí, máximo) desde que comenzaron las mediciones aéreas".
 
El científico también insiste en su artículo en The Wall Street Journal en los beneficios del consumo de energía para la vida humana: "Mi experiencia como profesor misionario en África abrió mis ojos sobre este simple hecho: sin acceso a la energía la vida es brutal y breve".