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Comenzamos la cuaresma con un especial hablando de carnavales, el sentido de la ceniza de miércoles santo... Continuamos este especial haciendo incapié en el sentido de la cuaresma, en la institución de la eucaristía, en la muerte y resurrección de Jesús, el hijo que Dios entregó por los hombres.
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Alimento para el alma (la Eucaristía)
Con apenas cuatro años de diferencia, Juan Pablo II Magno y Benedicto XVI han dedicado su esfuerzo intelectual y de fe a analizar un tema tan esencial para, como poco, los católicos, como es de de la Eucarística. Si bien el primero de ellos dedicó una Carta Encíclica (Ecclesia de Eucharistia) fechada el día 17 de abril de 2003, Jueves Santo, y el actual Pontífice lo ha hecho con una Exhortación Apostólica Postsinodal (Sacramentum Caritatis) de reciente aparición (22 de febrero de 2007, fiesta de la Cátedra del Apóstol san Pedro), el caso es que, sustancialmente, ambos documentos (salvadas las distancias sistemáticas y orgánicas) tienen un sentido único: precisar que la Eucaristía es alimento para el alma y, por eso, para la persona.
Sobre el primero de los documentos referidos ya se ha escrito mucho y, aunque del segundo, por su proximidad en el tiempo, aún no han aparecido análisis en número elevado sí es claro que aparecerán. Sin embargo, aquí no se trata de analizarlos sino, más bien, de hacer un acompañamiento a los mismos centrado en, sobre todo, lo que supone la Eucaristía, esa acción de gracias constituida por Jesucristo en aquella última cena y primer recuerdo de su sacrificio, para nosotros, sus hermanos y, por eso, hijos de Dios.
Como era lógico pensar, para que el recuerdo de lo hecho por Jesucristo perviviera, eternamente, en la memoria de sus discípulos, hacía falta que algo de carácter simbólico y, a la vez, real, nos sirviera de apoyo para aquello. Así, nos proporcionó lo que nutre nuestro espíritu, el momento idóneo en el que podemos dar fuerza a nuestra estructura humana, el instante en el que, asumiendo su naturaleza divina, aceptamos la esencia de Dios en nosotros. Y ese no es otro que la Eucaristía.
Así, como nutrición, nos servimos de la Palabra de Dios que se proclama en esta acción de gracias, y, como sabemos por experiencia, se produce una vivificación de las entrañas espirituales porque están constituidas, sílaba a sílaba, por la boca creadora de Dios, de donde sale toda palabra buena. Nutrición que suple nuestras deficiencias y tibiezas y nos proporciona esa savia con la que podemos sentir revivir nuestro mismo ser; apreciamos, en el sacrificio eucarístico, la entrega salvífica de Jesucristo y, por eso, agradecemos tal esfuerzo por cumplir la voluntad de su Padre.
Con ella, y en ella, encaminamos, al alma, a un fin claro y determinado, ya, por Dios: dar vida inmortal a la parte espiritual de la que nos componemos como personas. Y, por eso, sucede, en nosotros, como si nos atravesara el corazón una daga muy parecida a la que atravesó a María y que profetizara Simeón ya sabemos cuándo pero no por sentir la muerte de Jesús en el sentido que la sintió su Madre, realidad inalcanzable para nosotros, sino por vernos reflejados en los ojos de Dios a vista de la sangre de su Hijo.
Por eso, estamos con el alma en la boca por las ofensas que se dirigen contra lo religioso, contra Dios, contra lo católico, contra Jesucristo, porque, al fin y al cabo, se dirigen también contra nosotros que, por todo lo dicho, somos herederos de aquella acción de gracias a la que dedicamos estas líneas, como uno más de los beneficiados por lo dejado el que esto escribe, y nos sentimos con el alma en vilo cuando vemos lo que se hace con Dios, cuando se le abandona en el desván del recuerdo apartándolo del mundo como si no lo hubiese creado Él, pretendiendo, así, con su olvido, erigirse, su criatura, en el poder omnipotente de su vida, que no tiene y en el director de su existencia, que no es.
Por eso, se nos va el alma por amor a Cristo, porque nos la da en su acción de gracias, y nos sentimos «locos por el amor de Cristo», como diría un santo muy moderno, de hoy mismo (porque los santos son desde siempre y para siempre), por querer imitar, aunque sea, sus comportamientos aunque nos podamos sentir tan alejados, a veces, de tan digno hacer y nos llega al alma, nutrida con sus palabras, la entrega a los demás sin preocuparse del tiempo, el amor mostrado en cada gesto que de sí salía, la lucha por difundir que el Reino de Dios ya había llegado, el perdón a los que le ofendían (y no sólo en su Pasión), la misericordia, entrañas, al fin y al cabo, de Dios, que él, por eso, tenía.
También, gracias a la Eucaristía, llevamos en el alma, prendido, el espíritu de Dios, renovando nuestro bautismo con el aliento del Creador, que nos acompaña, en nuestro vivir, y por eso, por esa gratitud que le debemos, afeamos el alma cuando pecamos, cuando nos sumimos en la tristeza de la ofensa a Dios y, entonces, nos pesa, sentimos como si lo escuchado en los textos sagrados que han sido proclamados (los antiguos y los nuevos, ambos inspiración divina) nos atrajera hacia la fosa que tanto canta el salmista, como inspirándonos una súplica de perdón por tal cosa hecha, y se nos parte el alma cuando, ataviados con equipaje de sentimiento, acaparado en la transustanciación, vemos como pierde el desvalido, como el menos deja de ser hasta eso, menos, cuando el que es predilecto de Dios es manipulado por los que se creen sus defensores pero son ajenos a la defensa misma, y sabemos que su teología es, quizá, más logía, más tratado, más ciencia, que teo, menos Dios para ser más hombre.
Y gracias a la Eucaristía, nosotros queremos tener el alma bien puesta, y vivir de ella, como la Iglesia, al igual que dice Juan Pablo II Magno, y hacer de ella ese sacramento de caridad del que habla Benedicto XVI para ser herederos, verdaderos y concernidos por ello, de la gracia de Dios, transmisores de su luz, hacedores de los bienes inmortales del sacramento. Y por eso, nos alimentamos de las especies, y esas especies no són sólo pan y vino, como sabemos, y eso nos conforma con Jesucristo como hermanos y, por eso mismo, como hijos de Dios-Creador.
Por eso es difícil entender como es posible que, muchas veces, pueda decirse, desde personas que se dicen creyentes, que qué sentido tiene acudir a la Eucaristía, ¿por qué acudir a Misa? Y esta pregunta suena terrible en los oídos de quien comprenda la respuesta.
Y esto, a pesar de todo, no es sino la expresión de una triste impresión del alma.
Eleuterio Fernández Guzmán
conoZe.com |
Profundo examen para tiempo de cuaresma: Para los que no se encuentran pecados
Parroquia San Fulgencio y San Bernardo
Para aquellos de vosotros que, gracias a Dios, no soléis incurrir en actos gravemente pecaminosos, y que, por otra parte, experimentáis cierta dificultad a la hora de encontrar materia de la que acusaros en la Confesión, quizá pueda serviros de orientación la siguiente lista, hecha a vuela pluma, y con escasas pretensiones y que bien podría titularse algo así como "elenco muy incompleto de defectos y actitudes defectuosas en que suelen incurrir las buenas personas".
Como podréis observar, no se trata, en general, de cosas en sí necesariamente graves, sino de modos de ser, de pensar o de actuar que, a parte de desagradar a Dios, pueden hacer daño al alma y dificultar la vida de los demás. ¿Os imagináis, por ejemplo, lo dura que podemos hacer la vida de quienes con nosotros conviven -y más si de nosotros dependen- cuando nos dejamos dominar por el pesimismo, la intransigencia o la tacañería?
"Hemos de convencernos de que el mayor enemigo de la roca no es el pico o el hacha, ni el golpe de cualquier otro instrumento, por contundente que sea: es ese agua menuda, que se mete, gota a gota, entre las grietas de la peña, hasta arruinar su estructura. El peligro más fuerte para el cristiano es despreciar la pelea en esas escaramuzas que calan poco a poco en el alma, hasta volverla blanda, quebradiza e indiferente, insensible a las voces de Dios".
Se trata de saber si somos -y si desde la última Confesión se nos ha notado claramente-, aparte de otras cosas más gordas:
caprichosos, tozudos, intransigentes, coléricos, irascibles, agresivos, discutidores implacables, quejicas, malhumorados, envidiosos, protestones por sistema, egoistones, susceptibles, tacaños, mezquinos, propensos al complejo de víctima, perezosos, comodones, flojos, sensuales, equilibristas de la impureza, noveleros, excesivamente soñadores, suavemente materialistas, irresponsables, frívolos, vacíos, superficiales, inconstantes, mentirosos, tramposos, faltos de autenticidad, desordenados, chapuceros, vanidosos, arrogantes, engreídos, impuntuales, rencorosos, murmuradores, chismosos, mal pensados, difamadores, duros para la comprensión, brutos en al expresión, mal dispuesto contra todo y todos, despreciativos, faltos de espíritu universal, fácilmente injustos, ingratos, desagradecidos, poco propicios a la generosidad, indiferentes hacia los demás, aislacionistas, individualistas, sembradores de pesimismo, incrédulos por comodidad, irreverentes, poco piadosos, faltos de visión sobrenatural, faltos de confianza en Dios, sordos a su voluntad, propensos a olvidarnos de El, distraídos en la liturgia, poco devotos de la Virgen.
Y examinar también:
si despreciamos el tiempo,
si vivimos permanentemente descontentos,
si nos falta sentido del pudor,
si estamos excesivamente seguros de las propias ideas,
si nos sentimos como reyes no reconocidos o injustamente destronados, y, en consecuencia, siempre enfadados,
si en todas las cosas estamos contra,
si vivimos exageradamente inquietos por el porvenir,
si no nos preocupa el sufrimiento ajeno ni las injusticias,
si sólo somos amables cuando nos conviene,
si somos propensos a instrumentalizarlo todo hacia lo que nos conviene,
si carecemos del "sentido del otro",
si pactamos fácilmente con la injusticia,
si siempre lo vemos todo desde el punto de vista propio,
si solemos pasar factura a los demás, por lo que hacemos o nos parece hacer por ellos,
si no damos limosna ni por casualidad,
si somos negligentes en la educación de los hijos, quizá con el pretexto del mucho trabajo,
si somos negligentes en la atención debida a los padres, esposa o esposo,
si aumentamos innecesariamente la carga de los demás con caprichos y nuevas necesidades,
si sólo nos preocupamos de que nuestros padres nos complazcan, y rara vez les damos una alegría,
si exigimos mucho y damos poco,
si aceptamos la mediocridad en las cosas de Dios,
si tenemos tendencia a confiar más en nosotros mismos que en la gracia,
si descuidamos la oración personal,
si no procuramos adquirir la debida formación religiosa,
si damos por supuesto que el apostolado es cosa de los otros,
si vivimos esquivando las cruces que nos santificarían,
si sentimos celos por el progreso espiritual de los otros,
si nos falta fe en el Magisterio de la Iglesia,
si tenemos tendencia a criticarla,
si nos consideramos el mejor intérprete del Vaticano II,
si contribuimos al desprestigio de las personas consagradas a Dios,
si somos tacaños en la ayuda económica a la Iglesia,
si llegamos habitualmente tarde a Misa,
si descuidamos el ayuno y la abstinencia,
si... , etc.
Después de esta relación meramente ejemplificativa, ¿continuaréis pensando algunos que todavía es difícil hallar -aun sin emplear demasiado tiempo-, cinco, seis, siete o diez pecados o defectos gordos de los que acusaros? Y si fuese así, ¿no sería cosa de ir pensando en introducir vuestro proceso de canonización?
Ya os dais cuenta de que ese elenco no es sino un cajón de sastre, donde hay cosas que pueden ser, o llegar a ser, incompatibles con una vida cristiana de verdad; y cosas menos importantes, si se lucha contra ellas.
Y si, refiriendoos a estas últimas, me dijeseis que son pequeñeces, yo podría responderos con palabras ajenas, muy llenas de razón y muy experimentadas: "Sí, verdaderamente: pero esas pequeñeces son el aceite, nuestro aceite, que mantienen viva la llama y encendida de la luz".
Tomado del libro:
ALFONSO REY. El sacramento de la Penitencia. Ed. Palabra. Madrid 1977
Cuaresma es tiempo de arrepentimiento
Autor: P. Cipriano Sánchez
La cuaresma es tiempo de arrepentimiento. Quizá a nosotros la llamada al arrepentimiento que es la Cuaresma, podría parecernos un poco extraña, un poco particular, porque podríamos pensar: ¿de qué tengo yo que arrepentirme?. Arrepentirse significa tener conciencia del propio pecado. La conversión del corazón es el tema que debería de recorrer nuestra Cuaresma, tener conciencia de que algo he hecho mal, y podría ser que en nuestras vidas hubiéramos dejado un poco de lado la conciencia de lo que es fallar. Fallar no solamente uno mismo o a alguien a quien queremos, también la conciencia de lo que es fallarme a mí.
Pudiera ser también que en nuestra vida hubiéramos perdido el sentido de lo que significa encontrarnos con Dios, y quizá por eso tenemos problemas para entender verdaderamente lo que es el pecado, porque tenemos problemas para entender quién es Dios. Solamente cuando tenemos un auténtico concepto de Dios, también podemos empezar a tener un auténtico concepto de lo que es el pecado, de lo que es el mal.
La cuaresma es todo un camino de cuarenta días hasta la Pascua, y en este camino, la Iglesia nos va a estar recordando constantemente la necesidad de purificarnos, la necesidad de limpiar nuestro corazón, la necesidad de quitar de nuestro corazón todo aquello que lo aparte de Dios N. S. La Cuaresma es un período que nos va a obligar a cuestionarnos para saber si en nuestro corazón hay algo que nos está apartando de Dios Nuestro Señor. Esto podría ser un problema muy serio para nosotros, porque es como quien tiene una enfermedad y no sabe que la tiene. Es malo tener una enfermedad, pero es peor no saber que la tenemos, sobre todo cuando puede ser curada, sobre todo cuando esta enfermedad puede ser quitada del alma.
Qué tremendo problema es estar conviviendo con una dificultad en el corazón y tenerla perfectamente tapada para no verla. Es una inquietud que sin embargo la Iglesia nos invita a considerar y lo hace a través de la Cuaresma. Durante estos cuarenta días, cuando leemos el Evangelio de cada día o cuando vayamos a Misa los domingos, nos daremos cuenta de cómo la Biblia está constantemente insistiendo sobre este tema: “Purificar el corazón, examinar el alma, acercarse a Dios, estar más pegado a Él. Todo esto, en el fondo, es darse cuenta de quién es Dios y quién somos nosotros.
Por otro lado, el hecho de que el sacerdote nos ponga la ceniza, no es simplemente una especie de rito mágico para empezar la Cuaresma. La ceniza tiene un sentido: significa una vida que ya no existe, una vida muerta. También tiene un sentido penitencial, quizá en nuestra época mucho menos, pero en la antigüedad, cuando se quería indicar que alguien estaba haciendo penitencia, se cubría de ceniza para indicar una mayor tristeza, una mayor precariedad en la propia forma de existir.
Preguntémonos, si hay en nuestra alma algo que nos aparte de Dios. ¿Qué es lo que no nos permite estar cerca de Dios y que todavía no descubrimos? ¿Qué es lo que hay en nosotros que nos impide darnos totalmente a Dios Nuestro Señor, no solamente como una especie de interés purificatorio personal, sino sobre todo por la tremenda repercusión que nuestra cercanía a Dios tiene en todos los que nos rodean?. Solamente cuando nos damos cuenta de lo que significa estar cerca de Dios, empezaremos a pensar lo que significa estar cerca de Dios para los que están con nosotros, para los que viven con nosotros. ¿Cómo queremos hacer felices a los que más cerca tenemos si no nos acercamos a la fuente de al felicidad? ¿Cómo queremos hacer felices a aquellos que están más cerca de nuestro corazón si no los traemos y los ayudamos a encontrarse con lo que es la auténtica felicidad?.
Qué difícil es beber donde no hay agua, qué difícil es ver donde no hay luz. Si a mí, Dios me da la posibilidad de tener agua y tener luz, ¿solamente yo voy a beber? ¿Solamente yo voy a disfrutar de la luz?. Sería un tremendo egoísmo de mi parte. Por eso en este camino de Cuaresma vamos a empezar a preguntarnos: ¿Qué es lo que Dios quiere de mí? ¿Qué es lo qué Dios exige de mí? ¿Qué es lo que Dios quiere darme? ¿Cómo me quiere amar Dios?, para que en este camino nos convirtamos, para aquellas personas que nos rodean, en fuente de luz y también puedan llegar a encontrarse con Dios Nuestro Señor.
Preguntas Frecuentes sobre la Cuaresma
Estas son las 29 preguntas más comunes con las respuestas que te harán comprender mejor el sentido de la cuaresma.
¿QUÉ ES LA CUARESMA?
Llamamos Cuaresma al período de cuarenta días (cuadragésima) reservado a la preparación de la Pascua, y señalado por la última preparación de los catecúmenos que deberían recibir en ella el bautismo.
¿DESDE CUÁNDO SE VIVE LA CUARESMA?
Desde el siglo IV se manifiesta la tendencia a constituirla en tiempo de penitencia y de renovación para toda la Iglesia, con la práctica del ayuno y de la abstinencia. Conservada con bastante vigor, al menos en un principio, en las iglesias de oriente, la práctica penitencial de la Cuaresma ha sido cada vez más aligerada en occidente, pero debe observarse un espíritu penitencial y de conversión.
¿POR QUÉ LA CUARESMA EN LA IGLESIA CATÓLICA?
"La Iglesia se une todos los años, durante los cuarenta días de la Gran Cuaresma, al Misterio de Jesús en el desierto" (n. 540).
¿CUÁL ES, POR TANTO, EL ESPÍRITU DE LA CUARESMA?
Debe ser como un retiro colectivo de cuarenta días, durante los cuales la Iglesia, proponiendo a sus fieles el ejemplo de Cristo en su retiro al desierto, se prepara para la celebración de las solemnidades pascuales, con la purificación del corazón, una práctica perfecta de la vida cristiana y una actitud penitencial.
¿QUÉ ES LA PENITENCIA?
La penitencia, traducción latina de la palabra griega metanoia que en la Biblia significa la conversión (literalmente el cambio de espíritu) del pecador, designa todo un conjunto de actos interiores y exteriores dirigidos a la reparación del pecado cometido, y el estado de cosas que resulta de ello para el pecador. Literalmente cambio de vida, se dice del acto del pecador que vuelve a Dios después de haber estado alejado de Él, o del incrédulo que alcanza la fe.
¿QUÉ MANIFESTACIONES TIENE LA PENITENCIA?
"La penitencia interior del cristiano puede tener expresiones muy variadas. La Escritura y los Padres insisten sobre todo en tres formas: el AYUNO, la oración, la limosna, que expresan la conversión con relación a sí mismo, con relación a Dios y con relación a los demás. Junto a la purificación radical operada por el Bautismo o por el martirio, citan, como medio de obtener el perdón de los pecados, los esfuerzos realizados para reconciliarse con el prójimo, las lágrimas de penitencia, la preocupación por la salvación del prójimo, la intercesión de los santos y la práctica de la caridad "que cubre multitud de pecados" (1 Pedro, 4,8.)." (Catecismo Iglesia Católica, n.1434).
¿ESTAMOS OBLIGADOS A HACER PENITENCIA?
"Todos los fieles, cada uno a su modo, están obligados por la ley divina a hacer penitencia; sin embargo, para que todos se unan en alguna práctica común de penitencia, se han fijado unos días penitenciales en los que se dediquen los fieles de manera especial a la oración, realicen obras de piedad y de caridad y se nieguen a sí mismos, cumpliendo con mayor fidelidad sus propias obligaciones y, sobre todo, observando el ayuno y la abstinencia." (Código de Derecho Canónico, cánon 1249).
¿CUÁLES SON LOS DÍAS Y TIEMPOS PENITENCIALES?
"En la Iglesia universal, son días y tiempos penitenciales todos los viernes del año y el tiempo de cuaresma." (Código de Derecho Canónico, cánon 1250).
¿QUÉ DEBE HACERSE TODOS LOS VIERNES DEL AÑO?
En recuerdo del día en que murió Jesucristo en la Santa Cruz, "todos los viernes, a no ser que coincidan con una solemnidad, debe guardarse la abstinencia de carne, o de otro alimento que haya determinado la Conferencia Episcopal; ayuno y abstinencia se guardarán el miércoles de Ceniza y el Viernes Santo." (Código de Derecho Canónico, cánon 1251).
¿CUÁNDO ES CUARESMA?
La Cuaresma comienza el Miércoles de ceniza y concluye inmediatamente antes de la Misa Vespertina in Coena Domini. (jueves santo). Todo este período forma una unidad, pudiéndose distinguir los siguientes elementos:
1)El Miércoles de ceniza,
2)Los domingos, agrupados en el binomio, I-II; III, IV y V; y el Domingo de Ramos de la Pasión del Señor,
3)La Misa Crismal y
4)Las ferias.
¿QUÉ ES EL MIÉRCOLES DE CENIZA?
Es el principio de la Cuaresma; un día especialmente penitencial, en el que manifestamos nuestro deseo personal de CONVERSIÓN a Dios. Al acercarnos a los templos a que nos impongan la ceniza, expresamos con humildad y sinceridad de corazón, que deseamos convertirnos y creer de verdad en el Evangelio.
¿CUÁNDO TIENE ORIGEN LA PRÁCTICA DE LA CENIZA?
El origen de la imposición de la ceniza pertenece a la estructura de la penitencia canónica. Empieza a ser obligatorio para toda la comunidad cristiana a partir del siglo X. La liturgia actual, conserva los elementos tradicionales: imposición de la
ceniza y ayuno riguroso.
¿CUÁNDO SE BENDICE E IMPONE LA CENIZA?
La bendición e imposición de la ceniza tiene lugar dentro de la Misa, después de la homilía; aunque en circunstancias especiales, se puede hacer dentro de una celebración de la Palabra. Las fórmulas de imposición de la ceniza se inspiran en la Escritura: Gn, 3, 19 y Mc 1, 15.
¿DE DÓNDE PROVIENE LA CENIZA?
La ceniza procede de los ramos bendecidos el Domingo de la Pasión del Señor, del año anterior, siguiendo una costumbre que se remonta al siglo XII. La fórmula de bendición hace relación a la condición pecadora de quienes la recibirán.
¿CUÁL ES EL SIMBOLISMO DE LA CENIZA?
El simbolismo de la ceniza es el siguiente:
a) Condición débil y caduca del hombre, que camina hacia la muerte;
b) Situación pecadora del hombre;
c) Oración y súplica ardiente para que el Señor acuda en su ayuda;
d) Resurrección, ya que el hombre está destinado a participar en el triunfo de Cristo.
¿A QUÉ NOS INVITA LA IGLESIA EN LA CUARESMA?
La Iglesia persiste en invitarnos a hacer de este tiempo como un retiro espiritual en el que el esfuerzo de meditación y de oración debe estar sostenido por un esfuerzo de mortificación personal cuya medida, a partir de este mínimo, es dejada a la libertad generosidad de cada uno.
¿QUÉ DEBE SEGUIRSE DE VIVIR LA CUARESMA?
Si se vive bien la Cuaresma, deberá lograrse una auténtica y profunda CONVERSIÓN personal, preparándonos, de este modo, para la fiesta más grande del año: el Domingo de la Resurrección del Señor.
¿QUÉ ES LA CONVERSIÓN?
Convertirse es reconciliarse con Dios, apartarse del mal, para establecer la amistad con el Creador. Supone e incluye dejar el arrepentimiento y la Confesión de todos y cada uno de nuestros pecados. Una vez en gracia (sin conciencia de pecado mortal), hemos de proponernos cambiar desde dentro (en actitudes) todo aquello que no agrada a Dios.
¿POR QUÉ SE DICE QUE LA CUARESMA ES UN "TIEMPO FUERTE" Y UN "TIEMPO PENITENCIAL?
"Los tiempos y los días de penitencia a lo largo del año litúrgico (el tiempo de CUARESMA, cada viernes en memoria de la muerte del Señor) son momentos fuertes de la práctica penitencial de la Iglesia. Estos tiempos son particularmente apropiados para los ejercicios espirituales, las liturgias penitenciales, las peregrinaciones como signo de penitencia, las privaciones voluntarias como el ayuno y la limosna, la comunicación cristiana de bienes (obras caritativas y misioneras)." (Catecismo Iglesia Católica, n. 1438)
¿CÓMO CONCRETAR MI DESEO DE CONVERSIÓN?
De diversas maneras, pero siempre realizando obras de conversión, como son, por ejemplo:
1.Acudir al Sacramento de la Reconciliación (Sacramento de la Penitencia o Confesión) y hacer una buena confesión: clara, concisa, concreta y completa.
2.Superar las divisiones, perdonando y crecer en espíritu fraterno.
3.Practicando las Obras de Misericordia.
¿CUÁLES SON LAS OBRAS DE MISERICORDIA?
Las Obras de Misericordia espirituales son:
Enseñar al que no sabe.
Dar buen consejo al que lo necesita.
Corregir al que yerra.
Perdonar las injurias.
Consolar al triste.
Sufrir con paciencia las adversidades y flaquezas del prójimo.
Rogar a Dios por los vivos y los muertos
Las Obras de Misericordia corporales son:
Visitar al enfermo.
Dar de comer al hambriento.
Dar de beber al sediento.
Socorrer al cautivo.
Vestir al desnudo.
Dar posada al peregrino.
Enterrar a los muertos.
¿QUÉ OBLIGACIONES TIENE UN CATÓLICO EN CUARESMA?
Hay que cumplir con el precepto del AYUNO y la ABSTINENCIA, así como con el de la CONFESIÓN y COMUNIÓN anual.
¿EN QUÉ CONSISTE EL AYUNO?
El AYUNO consiste en hacer una sola comida al día, aunque se puede comer algo menos de lo acostumbrado por la mañana y la noche. No se debe comer nada entre los alimentos principales, salvo caso de enfermedad.
¿A QUIÉN OBLIGA EL AYUNO?
Obliga vivir la ley del ayuno, a todos los mayores de edad, hasta que tengan cumplido cincuenta y nueve años. (cfr. CIC, c. 1252).
QUÉ ES LA ABSTINENCIA?
Se llama abstinencia a privarse de comer carne (roja o blanca y sus derivados).
¿A QUIÉN OBLIGA LA ABSTINENCIA?
La ley de la abstinencia obliga a los que han cumplido catorce años.(cfr. CIC, c. 1252).
¿PUEDE CAMBIARSE LA PRÁCTICA DEL AYUNO Y LA ABSTINENCIA? "La Conferencia Episcopal de cada País puede determinar con más detalle el modo de observar el ayuno y la abstinencia, así como sustituirlos en todo o en parte por otras formas de penitencia, sobre todo por obras de caridad y prácticas de piedad." (Código de Derecho Canónico, cánon 1253).
¿QUÉ ES LO QUE IMPORTA DE FONDO DEL AYUNO Y LA ABSTINECIA?
Debe cuidarse el no vivir el ayuno o la abstinencia como unos mínimos, sino como una manera concreta con la que nuestra Santa Madre Iglesia nos ayuda a crecer en el verdadero espíritu de penitencia.
¿QUÉ ASPECTOS PASTORALES QUE CONVIENE RESALTAR EN LA CUARESMA?
El tiempo de Cuaresma es un tiempo litúrgico fuerte, en el que toda la Iglesia se prepara para la celebración de las fiestas pascuales. La Pascua del Señor, el Bautismo y la invitación a la reconciliación, mediante el Sacramento de la Penitencia, son sus grandes coordenadas.
Se sugiere utilizar como medios de acción pastoral:
1)La catequesis del Misterio Pascual y de los sacramentos;
2)La exposición y celebración abundante de la Palabra de Dios, como lo aconseja vivamente el cánon. 767, & 3, 3).
3)La participación, de ser posible diaria, en la liturgia cuaresmal, en las celebraciones penitenciales y, sobre todo, en la recepción del sacramento de la penitencia: "son momentos fuertes en la práctica penitencial de la Iglesia" (CEC, n. 1438), haciendo notar que "junto a las consecuencias sociales del pecado, detesta el mismo pecado en cuanto es ofensa a Dios"; y,
4)El fomento de los ejercicios espirituales, las peregrinaciones, como signo de penitencia, las privaciones voluntarias como el ayuno y la limosna y las obras caritativas y misioneras. |
Miércoles de Ceniza: el inicio de la Cuaresma
La imposición de las cenizas nos recuerda que nuestra vida en la tierra es pasajera y que nuestra vida definitiva se encuentra en el Cielo.
La Cuaresma comienza con el Miércoles de Ceniza y es un tiempo de oración, penitencia y ayuno. Cuarenta días que la Iglesia marca para la conversión del corazón.
Las palabras que se usan para la imposición de cenizas, son:
- «Concédenos, Señor, el perdón y haznos pasar del pecado a la gracia y de la muerte a la vida»
- «Recuerda que polvo eres y en polvo te convertirás»
- «Arrepiéntete y cree en el Evangelio».
Origen de la costumbre
Antiguamente los judíos acostumbraban cubrirse de ceniza cuando hacían algún sacrificio y los ninivitas también usaban la ceniza como signo de su deseo de conversión de su mala vida a una vida con Dios.
En los primeros siglos de la Iglesia, las personas que querían recibir el Sacramento de la Reconciliación el Jueves Santo, se ponían ceniza en la cabeza y se presentaban ante la comunidad vestidos con un 'hábito penitencial'. Esto representaba su voluntad de convertirse.
En el año 384 d.C., la Cuaresma adquirió un sentido penitencial para todos los cristianos y desde el siglo XI, la Iglesia de Roma acostumbra poner las cenizas al iniciar los 40 días de penitencia y conversión.
Las cenizas que se utilizan se obtienen quemando las palmas usadas el Domingo de Ramos de año anterior. Esto nos recuerda que lo que fue signo de gloria pronto se reduce a nada.
También, fue usado el período de Cuaresma para preparar a los que iban a recibir el Bautismo la noche de Pascua, imitando a Cristo con sus 40 días de ayuno.
La imposición de ceniza es una costumbre que nos recuerda que algún día vamos a morir y que nuestro cuerpo se va a convertir en polvo.
Nos enseña que todo lo material que tengamos aquí se acaba. En cambio, todo el bien que tengamos en nuestra alma nos lo vamos a llevar a la eternidad. Al final de nuestra vida, sólo nos llevaremos aquello que hayamos hecho por Dios y por nuestros hermanos los hombres.
Cuando el sacerdote nos pone la ceniza, debemos tener una actitud de querer mejorar, de querer tener amistad con Dios. La ceniza se le impone a los niños y a los adultos.
Significado del carnaval al inicio de la Cuaresma
La palabra carnaval significa adiós a la carne y su origen se remonta a los tiempos antiguos en los que por falta de métodos de refrigeración adecuados, los cristianos tenían la necesidad de acabar, antes de que empezara la Cuaresma, con todos los productos que no se podían consumir durante ese período (no sólo carne, sino también leche, huevo, etc.)
Con este pretexto, en muchas localidades se organizaban el martes anterior al miércoles de ceniza, fiestas populares llamadas carnavales en los que se consumían todos los productos que se podrían echar a perder durante la cuaresma.
Muy pronto empezó a degenerar el sentido del carnaval, convirtiéndose en un pretexto para organizar grandes comilonas y para realizar también todos los actos de los cuales se 'arrepentirían' durante la cuaresma, enmarcados por una serie de festejos y desfiles en los que se exaltan los placeres de la carne de forma exagerada, tal como sigue sucediendo en la actualidad en los carnavales de algunas ciudades, como en Río de Janeiro, Brasil o Nuevo Orleans, Estados Unidos.
Significado del Miércoles de Ceniza
Prácticamente se le asocia al polvo, simbolizando a la vez el pecado y la fragilidad humana. En el Antiguo Testamento también prevalece esta idea. El pecador es ceniza (Cfr. Sab 15,10; Ez 28,18) Para simbolizar esto, el pecador se sienta sobre la ceniza (Job 42,6; Jon 3,6; Mt 11,21) y se cubre con ella la cabeza (Jdt 4,11-15; 9,1; Ez 27,30).
También ha sido empleada para significar la tristeza del hombre abrumado por la desgracia (Cfr. 2Sam 13,19) y, sobre todo, del hombre que se ve afligido por el luto y expresa así su nada (Cfr. Jer 6,26).
Ya desde el período de la “penitencia pública” y canónica los penitentes en la Iglesia antigua con frecuencia llevaron, sin duda voluntariamente, el cilicio y se cubrieron la cabeza con ceniza. Parece ser que desde los siglos VI-VII se difundió esta práctica al iniciarse la Cuaresma el miércoles anterior a su primera domínica. Es este día (Miércoles de Ceniza) los penitentes eran admitidos al “rito de la penitencia”. Tenían que hacer penitencia durante toda la cuaresma “con cilicio y ceniza”. Se les reconciliaba sólo hasta las proximidades de la Pascua, por ejemplo en Roma el Jueves Santo por la mañana.
En los siglos IX y X se da un gran desarrollo litúrgico en este aspecto. El obispo impone el cilicio y la ceniza a los penitentes y los despide fuera de la Iglesia. Parece ser que hacia el siglo XI la Iglesia romana extendió este uso no sólo para los penitentes, sino para la comunidad entera.
La Ceniza, ¿ Por qué ?
1) Porque era una forma que en la antigüedad servia para reconocer que el hombre sin Dios era como polvo. Que el hombre sin Dios, al morir, se vuelve polvo y no resucita a la vida eterna (Cfr. Job 42, 6).
2) Las personas se ponían un sayal que era un vestido corriente, feo y molesto, y sobre su cabeza se ponían la ceniza para manifestar que estaban arrepentidos de sus pecados y harían penitencia por ellos (Cfr. Est 4, 1)
3) Sabiendo que el pecador arrepentido no esta sólo pedían a Dios y a sus semejantes el perdón de sus ofensas y hacían constante oración. Toda la Iglesia oraba con ellos y por ellos para que durante la cuaresma pudieran cambiar a una vida mejor.
De acuerdo con el uso bíblico y litúrgico que se refleja en las mismas fórmulas actuales de imposición de ceniza: “Arrepiéntete y cree en el Evangelio” (Cfr. Mc 1, 15) o bien: “Acuérdate que polvo eres y al polvo has de volver” (Gén 3,19), convendría tener en cuenta los siguientes aspectos:
1) La ceniza es símbolo de conversión; no se trata de hacer simples actos de mortificación, sino de lograr un cambio radical de la existencia humana, de la opción fundamental que da sentido a la vida, de las actitudes. Se trata de una conversión con su doble vertiente inseparable: vertical hacia Dios y horizontal hacia el prójimo.
2) La ceniza es símbolo de nuestra fragilidad y limitación humana. Ser consciente de que un día moriremos, implica el querer aprovechar nuestra vida para llevar a cabo el plan de Dios, el saber descubrir la verdadera escala de valores en nuestra existencia, el comprometernos para crear un mundo más humano, más justo y más cristiano.
3) La recepción de la ceniza es un acto personal y voluntario. Esto significa el movimiento personal de la conversión que se realiza bajo la gracia y la misericordia de Dios.
4) La imposición de la ceniza es también un acto eclesial. Se recibe en una celebración comunitaria, junto con otros miembros de la Iglesia. Es también toda la Iglesia quien intensifica en este periodo su estado de conversión y purificación.
Y tú... ¿ por qué te pones ceniza ?
No quisiera que tu fueras uno más de esos cristianos que hacen cosas sin saber por que. Para mucha gente de distintos lugares el Miércoles de Ceniza es algo así como una fecha mágica. Las Iglesias se llenan como nunca, se hacen grandes colas e incluso aparecen ese día quienes nunca van a misa los domingos.
• Para algunas la ceniza es cosa de superstición, de suerte. Si no se la ponen piensan que alguna cosa mala les sucederá.
• Para otros la ceniza no solo sirve para alejar el mal, sino también para atraer el bien. Es una especie de “amuleto de la buena suerte”. Por eso insisten en que se les ponga hasta a los niños muy pequeños (‘ya tiene su patita de conejo, su ojo de venado y su ajo macho, pero por favor póngale ceniza... para que no se enferme’).
• Así como presumen un vestido o un reloj, quieren presumir su cruz. Por eso buscan la Iglesia donde se la hagan más bonita.
• Y hay quienes van “por si las moscas”, pues no saben lo que es y a veces ni tiene fe, pero se la ponen para librarse del mal o para obtener algún bien (‘yo, por aquello de no te entumas, pues si no me hace bien, tampoco me hace mal’).
Para evitar que cualquiera de las razones anteriores, te muevan a ponerte la ceniza sobre tu cabeza, reflexiona lo siguiente:.
• Cada año celebramos la pasión, muerte y resurrección de nuestro señor Jesucristo.
• Pero no se trata solamente de recordar lo que le sucedió, sino de vivirlo junto con Él.
• ¿Cómo celebrar que Cristo padece y sufre por nosotros, si nosotros seguimos viviendo igual?
• ¿Cómo celebrar la resurrección de Cristo y su victoria sobre la muerte, si nosotros seguimos muertos por el pecado y no queremos nacer a una Vida Nueva de fe, de amor y de esperanza?
• ¿ Cómo celebrar que su resurrección es el inicio de la familia universal llamada Iglesia, si nosotros seguimos viviendo en nuestro egoísmo y no nos unimos en comunidad, en familia, para ayudarnos, para trabajar juntos, para buscar el bien, par hacer oración... ?
Para celebrar la pasión, muerte y Resurrección de Cristo, debemos prepararnos. A ese tiempo de preparación la llamamos Cuaresma, porque son cuarenta días en los que reconocemos, de una manera más profunda, que hemos fallado al amor de Dios y arrepentidos buscamos la manera de corregirnos. Por eso la Cuaresma es tiempo de oración, de reflexión, de penitencia, de ayuno y vigilia.
Lo importante es la disposición del espíritu; por ejemplo, si uno deja de comer carne, no es para darse un banquete con pescados o mariscos, sino para privarnos de algo que nos gusta, lo cual no necesariamente es material: cigarros, alcohol, televisión, pero también privarnos de hablar mal de las personas, ‘sacrificar’ nuestro tiempo para visitar enfermos, preocuparnos por el vecino, tener paciencia y amor con los mayores de la casa.
El ayuno y la abstinencia
El miércoles de ceniza y el viernes santo son días de ayuno y abstinencia. La abstinencia obliga a partir de los 14 años y el ayuno de los 18 hasta los 59 años. El ayuno consiste hacer una sola comida fuerte al día y la abstinencia es no comer carne. Este es un modo de pedirle perdón a Dios por haberlo ofendido y decirle que queremos cambiar de vida para agradarlo siempre.
La oración
La oración en este tiempo es importante, ya que nos ayuda a estar más cerca de Dios para poder cambiar lo que necesitemos cambiar de nuestro interior. Necesitamos convertirnos, abandonando el pecado que nos aleja de Dios. Cambiar nuestra forma de vivir para que sea Dios el centro de nuestra vida. Sólo en la oración encontraremos el amor de Dios y la dulce y amorosa exigencia de su voluntad.
Para que nuestra oración tenga frutos, debemos evitar lo siguiente:
La hipocresía: Jesús no quiere que oremos para que los demás nos vean llamando la atención con nuestra actitud exterior. Lo que importa es nuestra actitud interior.
La disipación: Esto quiere decir que hay que evitar las distracciones lo más posible. Preparar nuestra oración, el tiempo y el lugar donde se va a llevar a cabo para podernos poner en presencia de Dios.
La multitud de palabras: Esto quiere decir que no se trata de hablar mucho o repetir oraciones de memoria sino de escuchar a Dios. La oración es conformarnos con Él; nuestros deseos, nuestras intenciones y nuestras necesidades. Por eso no necesitamos decirle muchas cosas. La sinceridad que usemos debe salir de lo profundo de nuestro corazón porque a Dios no se le puede engañar.
El sacrificio
Al hacer sacrificios, debemos hacerlos con alegría, ya que es por amor a Dios. Si no lo hacemos así, causaremos lástima y compasión y perderemos la recompensa de la felicidad eterna. Dios es el que ve nuestro sacrificio desde el cielo y es el que nos va a recompensar.
«Cuando ayunéis no aparezcáis tristes, como los hipócritas que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo, ya recibieron su recompensa. Tú cuando ayunes, úngete la cabeza y lava tu cara para que no vean los hombres que ayunas, sino Tu Padre, que está en lo secreto: y tu padre que ve en lo secreto, te recompensará.(Mt 6,6)»
El sacrificio, es preciso dulcificarlo con un amor grande a Dios. El dolor nos engrandece cuando sabemos sobrellevarlo.
La Virgen María en su vida tuvo que llevar a cabo mucho sacrificios y lo hizo con mucha alegría y amor a Dios.
Fuentes: Pastoraljuvenil.acayucan.org, conoce.com
Ese sentido olvidado (sobre el carnaval)
Como muchas fiestas de antaño, el Carnaval no representa hoy lo que significaba en otros tiempos. Lo que actualmente entendemos por carnaval tiene un origen variado y una significación que se pierde en nuestra propia historia. De todas formas, y para ceñirnos a su sentido principal dentro del cristianismo, la palabra 'carnaval' es una expresión latina que significa 'adiós a la carne', e indica los últimos días en que se podía comer carne antes de entrar en la época recogida y austera de la Cuaresma. Tradicionalmente, la celebración del carnaval correspondía al domingo, lunes y martes antes del Miércoles de Ceniza.
Sin embargo, el origen más directo del Carnaval es el de las fiestas romanas en honor de Saturno, las Saturnalias, en las que durante varios días se vivía en una atmósfera de euforia y exaltación, con cierre de los negocios e intercambio de regalos. Se daba libertad a los esclavos y se elegía entre las clases inferiores al rey de los bufones, que gobernaba un mundo al revés, incitando a su séquito a bailar, a divertirse y a disfrazarse de las diversas formas. Se invertían los conceptos: el amo se disfrazaba de esclavo, el hombre de mujer, el libertino de puritano, el viejo de niño. Algo que más tarde se incluirá en los carnavales: la igualdad de las clases a través del disfraz, el concepto subversivo de la fiesta. Todo en aquellos días parecía un mundo al revés, ya que los amos servían a los esclavos, invirtiéndose el orden social.
Muy destacable en el carnaval es el uso de la máscara que tiene un doble aspecto, de ocultamiento y desvelamiento, que está presente en muchos ritos religiosos antiguos. En igualdad con el teatro, que es también una muestra de comunicación anímica y de cambio de personalidad, el carnaval es una manifestación donde se hacen patentes la ficción y la representación. Robert Flacelière explica en su libro 'La vida cotidiana de Grecia', pp. 250-258, que todo lo dramático estaba ligado al culto del dios Dioniso. En su honor se representaron las tragedias. Los agones o certámenes trágicos, tenían lugar en primavera, con ocasión de las llamadas 'Grandes Dionisias', aunque había otras fiestas Dionisíacas de menor importancia hacia diciembre o enero, con el fin de probar el nuevo vino: las 'Leneas' o 'Pequeñas Dionisias', en las que se hacían representaciones de comedias. Pero era en las Grandes Dionisias o Dionisíacas donde se representaban tragedias y, sólo en segundo plano, comedias o dramas satíricos. Estas fiestas se inauguraban con una procesión en la que un sacerdote representaba a Dionisio, montado en un carro-barco, acompañado por un cortejo de flautistas y sátiros. Tras este espectacular inicio, se sucedían varios días de carnavales. Aún en su forma evolucionada, la Tragedia conservó elementos esenciales del ditirambo dionisiaco: el artificio de la transformación, el disfraz y la máscara. El conflicto y la tensión profunda pertenecen al ritual del dios que se apodera de manera diversa de los hombres.
Dentro de la civilización cristiana, el uso de la máscara quedó relegado exclusivamente a los días más permisivos del tiempo de Carnaval. En sí la máscara esconde algo de lo que somos y que ocultamos. Pero también representa lo que deseamos ser. Porque desde otro aspecto podríamos encontrar una relación del Carnaval con el regreso al caos. A través del disfraz podemos ser otro, más allá de los impedimentos personales y sociales. Supone una puerta de escape para dejar pasar energías cuya actividad raras veces llega a mostrarse. Pero hemos de notar que se trata de incluir el caos en un orden y también, a la inversa, el orden en un caos. Pues las fiestas, aunque incontroladas, no son imprevistas, sino un acontecimiento con un principio y un fin fijados de antemano.
En la actualidad, el sentido del Carnaval hay que buscarlo en la liberación de ciertas tendencias, de modo que se vuelvan inofensivas al darle ocasión para manifestarse. Desde la perspectiva de nuestro tiempo, es una muestra más de cómo el ser humano anhela salir del tiempo que le tiene encadenado. Pero sobre todo es eso, una fiesta subversiva que expresa la rebeldía del ser contra toda atadura, contra toda autoridad, contra el orden mismo del mundo. De ahí que la historia de los carnavales esté interrumpida por continuas prohibiciones. Cuando la austeridad del cristianismo se adueñó del Imperio Romano, la primera tarea fue la de prohibir las fiestas paganas, o en su defecto, santificarlas. Y en ese tiempo de transición entre el invierno y la primavera, la liturgia cristiana instaló la cuaresma, el tiempo de ayuno y abstinencia; el espacio de la austeridad. En el inquietante miércoles de ceniza la liturgia nos recuerda que somos polvo y en polvo nos convertiremos. Es decir, somos contingentes, pasajeros, frágiles Y frente a esto el pueblo reacciona a su manera. Hecha la ley, hecha la trampa. Ante la realidad irremediable de la tragedia, el pueblo reacciona con el frenesí liberador de la fiesta. Aquí hay algo que pertenece al pueblo mismo: la originalidad, la espontaneidad y el componente de anticipación. Todas las fiestas restantes son retrospectivas: se celebra el fin de la vendimia, la culminación de un trabajo, la alegría de una buena cosecha, la conmemoración de una victoria, el triunfo de un santo El Carnaval no celebra nada a posteriori. Es una fiesta previa a lo que viene después. Hace realidad aquellos dos dichos que tan justamente nos retratan como pueblo: 'A vivir que son dos días' y 'Que nos quiten lo bailao'. En preciosos versos de Juan del Enzina:
«Hoy comamos y bebamos
y cantemos y folguemos
que mañana ayunaremos».
Jesus Sanchez Adalid
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